SEMILLERO DE FUTUROS ANCESTRALES CON NIÑECES Y JUVENTUDES INDÍGENAS

¿Qué son los Semilleros de Futuros Ancestrales: Milpamérica? 

Frente a las amenazas del extractivismo, la colonización educativa y la crisis climática, los pueblos originarios de Mesoamérica estamos sembrando una respuesta desde adentro: formamos generaciones de niñeces y juventudes indígenas con conciencia crítica, arraigadas en los saberes ancestrales, para el cuidado y la defensa del territorio. Esa es la raíz del Semillero de Futuros Ancestrales: Milpamérica.

Los Semilleros son procesos formativos que descolonizan la educación ambiental y posicionan a las comunidades originarias como soluciones vivas a la crisis climática. Nacen del territorio, de la lengua, de la organización comunitaria que durante siglos ha sostenido la vida. Cada semillero crece en un pueblo distinto, con amenazas específicas y formas propias de resistencia, pero todos compartimos un horizonte común: que las semillas que sembramos hoy en las niñeces y juventudes sean las raíces que sostengan a los pueblos mañana.

Semilleros Territoriales

Escuelita Nahua — Cuentepec, Morelos

Pueblo Nahua

En Cuentepec, las concesiones mineras sobre el territorio y una visión de progreso que desplaza la identidad amenazan la continuidad de la vida nahua. Frente a eso, el semillero siembra narrativas que reconocen la existencia nahua como el centro de cohesión y arraigo territorial. Aquí la defensa del idioma y el reconocimiento comunitario son ejes fundamentales para la defensa del territorio y el posicionamiento ante la crisis climática. Porque una comunidad que nombra el mundo en su propia lengua es una comunidad que sabe cómo cuidarlo.

Escuelita Milpamérica — Totonicapán, Guatemala

Pueblo K’iche’

En Totonicapán, la fractura identitaria, la desconexión generacional con la organización comunitaria y la presión sobre los bienes comunes del bosque ponen en riesgo un sistema de gobernanza ancestral que ha cuidado el territorio durante siglos. El semillero acompaña a las adolescencias k’iche’s en la organización y la acción para la construcción de lo común, porque la defensa del territorio comienza cuando las juventudes se reconocen como parte de una historia colectiva que les necesita.

Semillero de Aprendizajes Yaa Cuetzi — San Antonio Cuajimoloyas, Oaxaca

Pueblo Zapoteco

En la sierra zapoteca de Oaxaca, la tala inmoderada, la explotación del agua y la sobreproducción de basura generada por la actividad turística asfixian al bosque comunitario. El cambio climático ha provocado una disminución en la siembra —principal medio de subsistencia de la comunidad—, lo que empuja la migración de adolescentes y jóvenes que esperan terminar la primaria o secundaria para emigrar y emplearse a temprana edad en otro estado. Frente a esa urgencia, el semillero afirma: protegemos nuestra historia comunitaria preservando el bosque común. Somos el mismo bosque floreciendo en cada comunidad.

Escuelita Milpamérica — Cherán K’eri, Michoacán

Pueblo P’urhépecha

En Cherán K’eri, el bosque ha sido asediado por la tala inmoderada y el crimen organizado. La comunidad p’urhépecha —que en 2011 se levantó para defender su territorio— sigue construyendo desde la memoria viva. El semillero cuenta las historias de quienes cuidan el bosque, el cerro, la diversidad y el territorio desde los saberes comunitarios, de frente a las narrativas hegemónicas sobre la crisis climática. Porque contar nuestras propias historias es también una forma de cuidar lo que amamos.

Cinco Ejes de Cambio Narrativo

A partir de estos procesos de formación, nombramos cinco ejes de cambio narrativo que atraviesan todos los semilleros:

1. Reposicionamiento epistémico de las comunidades indígenas

Subvertimos el marco narrativo dominante en la acción climática global, que históricamente ha colocado a los pueblos originarios como víctimas o beneficiarios pasivos. Decimos: “Somos soluciones vivas a la crisis climática”, porque somos la suma de siglos de supervivencia gracias a prácticas de cuidado ancestral y conocimientos transmitidos de generación en generación. Sabemos que los territorios que aún respiran son los que hemos cuidado y defendido. A pesar del saqueo que se prolonga sobre la naturaleza, las comunidades indígenas resistimos y existimos.

2. Modelo pedagógico descolonial contextualizado

La metodología de EducAcción Ambiental y Hackeo Cultural construye desde adentro: cada semillero parte de las epistemologías, lenguas y sistemas de organización propios de su territorio. Esto representa un cambio frente a los modelos de educación ambiental convencionales e institucionales, que frecuentemente descontextualizan el conocimiento o lo presentan desde marcos científicos occidentales que invisibilizan la sabiduría comunitaria. La metodología es replicable y reproducible por las propias comunidades, porque nace de ellas.

3. Revitalización de la lengua-territorio-identidad como eje formativo

Los territorios están amenazados por la pérdida de la lengua, y nosotras luchamos por mantenerla viva. Sabemos que la lengua es principio de identidad y cosmovisión: nombra lo que crece y habita en el territorio. Una comunidad arraigada a su identidad es capaz de enfrentar el extractivismo que viene de corporaciones, empresas y gobiernos. Al trabajar simultáneamente el fortalecimiento lingüístico y la formación política para la defensa del territorio, los semilleros abordan la crisis climática desde la pertinencia lingüística y cultural.

4. Formación de defensoras y defensores desde las niñeces y juventudes

Frente al riesgo real de ruptura generacional —provocada por la migración forzada, los extractivismos y los sistemas educativos colonizantes—, los semilleros acompañan y forman niñeces y juventudes que repliquen lo aprendido en sus contextos inmediatos. Esta es una estrategia de continuidad generacional: sabemos que son las niñeces y juventudes quienes continuarán tejiendo los hilos de los saberes de los abuelos con la fuerza que sostiene a los pueblos.

5. Articulación intercomunitaria como modelo escalable

Los semilleros compartimos una narrativa y metodología común, pero mantenemos nuestra identidad vinculada a la diversidad de territorios. Tenemos como horizonte tejer una red de pedagogías territoriales que mantengan la memoria viva, los saberes y la alegría de los pueblos. La articulación comunitaria puede expandirse a una escala regional en Mesoamérica, porque lo que nos une no es un programa: es una forma de entender la vida.

Frente a las amenazas del extractivismo, la colonización educativa y la crisis climática, el Semillero de Futuros Ancestrales construye una resistencia desde adentro: con la lengua, con los saberes ancestrales, con las niñeces y juventudes como semillas que ya están creciendo. No esperamos soluciones que vengan de afuera. Las soluciones vivas a la crisis climática somos nosotras, nuestros pueblos, nuestras lenguas, nuestros territorios.