Laboratorio narrativo: soluciones vivas a la crisis climática y al exterminio
Comenzamos el Laboratorio Milpamérica Resiste: Cura de la tierra donde se reúnen 25 personas defensoras del territorio: Afroindígenas, K’iche’, Náhuatl, Raramuri, Lenca, Cabécar, Maya, Xinca, Yaqui, Pipil, Carapan, Mam, Ngiba-Ngigua, Tseltal, Boruca y Ñuu Savi.
El laboratorio es un espacio creativo que tiene como objetivo común la construcción de acciones narrativas que hagan de lo radical un sentido común. En este espacio se comparte un diálogo entre dos metodologías —el hackeo cultural y la educacción ambiental— convertidas en ejercicios prácticos, para guiar procesos de enseñanza-aprendizaje comunitarios, agrupados en cinco módulos:
- Identificar los síntomas de la crisis climática en tu cuerpo-territorio.
- Conectar lo local con lo global para entender cómo se vinculan las violencias en tu región.
- Diagnosticar la enfermedad que provoca la fiebre de la Madre Tierra.
- Organizar lo global con lo local para crear estrategias de acción y regeneración.
- Curar la tierra mediante soluciones vivas a la crisis climática.
Cada módulo aborda un aspecto del proceso de defensa del territorio frente a la crisis climática; cada uno se identifica con un animal guía. Estos acompañantes son nahuales, seres mitológicos de la cosmogonía de varios pueblos mesoamericanos (maya, náhuatl, negros), que vinculan a las personas con la naturaleza, poseen sabiduría, fuerza y espiritualidad y son representados por animales nativos de Milpamérica.
En el primer módulo abrimos con una pregunta sencilla y profunda: ¿qué nos duele en el cuerpo-territorio? Nuestro cuerpo es tierra, semilla y río, el primer territorio donde germina la vida y fluyen los sentires. Nuestras memorias son senderos hacia la tierra que nos abraza, esa que nos canta desde las raíces y que percibimos a través de nuestra conexión con el territorio.
Desde el hackeo cultural partimos de nombrar que las narrativas están vivas y son más que adorno o discurso, son la trama desde donde se produce el sentido común que hace posible transformar la realidad. Hay narrativas que funcionan como monocultivo pues empobrecen el suelo, uniforman las voces, hacen que el despojo, el patriarcado, las fronteras y la falsa neutralidad de la tecnología parezcan naturales. Frente a estas narrativas, nuestra apuesta es tejer historias cerquita de la tierra, construir un punto de vista colectivo enraizado en los territorios presentes. Por eso repetimos un principio que organiza todo el laboratorio:
“La narrativa no puede moverse más rápido que la organización”
En la primera sesión invocamos los territorios. Cada quien se presenta como su territorio, en tercera persona, y de esas voces tejemos un poema colectivo y un altar de intenciones compartidas. Ahí mismo se conforman los cuatro ejes que sostienen el módulo: organización antipatriarcal, resistencia anticolonial, autonomía tecnológica y cuidados transfronterizos.
En la segunda sesión del módulo sentimos. Desde la educacción ambiental y el diagnóstico holístico de los Médicos Descalzos Maya K’iche, identificamos los síntomas de la crisis climática en el cuerpo-territorio y entendemos que la fiebre global es síntoma de una enfermedad más vieja.
En la tercera y última sesión nombramos. Cada eje construye su horizonte narrativo, una acción, un cambio, la relación de estas con su eje y la crisis climática. Y entre todos tejemos un horizonte narrativo colectivo que será la brújula del laboratorio.
Dejemos que broten historias de nuestras voces, que se entrelacen para que florezca un horizonte común, bordado con hilos de tierra, cuerpo y palabra.
Imagenes del Cuadernillo Milpamérica Pedagogías de las Soluciones Vivas a la Crisis Climática por Sara Kulli