La milpa es un cosmos de saberes vivos entrelazados con el territorio: el agua, la tierra, el viento, las plantas, los insectos y el trabajo que han dado las abuelas y abuelos para preparar la tierra han escrito la historia de nuestros pueblos. Y, en el presente, nos mantiene unidos en la #Milpamérica, más allá de las fronteras impuestas.

La milpa es también un ciclo, una forma de contar el tiempo distinta a la impuesta por el progreso y el desarrollo, que tanto nos enferman. En el tiempo cíclico se hilan los momentos de ofrenda, preparar la tierra, cuidar los brotes, abonar, cosechar, agradecer, celebrar y descansar; se mantiene una relación con la tierra a partir del trabajo, el alimento, el disfrute y la espiritualidad. 

En la lucha, aprendemos del ciclo de la Milpa porque lo que estamos sembrando ahora, en cada acción, es importante para las siguientes generaciones, a quienes les tocará cosechar y volver a sembrar por la vida digna de nuestros pueblos diversos. 

En #Milpamérica retomamos los tiempo cíclicos como una forma de resistencia frente al tiempo lineal del progreso, que solo nos lleva al exterminio; retomamos la vida y la alegría de la siembra, porque nos recuerda que necesitamos de la tierra, las plantas, los insectos y los animales para retomar un ritmo tejido por generaciones, en una relación profunda con el territorio y con la red de la vida. 

Este es el tejido de #Milpamérica. 

Les compartimos las creaciones y reflexiones narrativas de algunas participantes del laboratorio Milpamérica 2026: Cura de la Tierra, donde representan sus procesos comunitarios, de lucha, resistencia y relación con la red de la vida a través de un calendario agrofestivo, realizados desde sus propios ejercicios creativos.

Selina Jiménez, maya mam de Guatemala

La mujer está muy presente en el vínculo con el sistema Milpa, recordándonos que la soberanía alimentaria nace del cuidado amoroso.

Denis Aldana, afroindígena de El Salvador

La milpa es mucho más que sembrar: es parte de nuestra memoria, nuestra cultura y nuestra resistencia. A lo largo de la historia, los pueblos indígenas hemos enfrentado la conquista, la colonización y diferentes formas de despojo, pero hemos mantenido vivos nuestros conocimientos y nuestra cultura. La milpa ha sido una de las formas en que hemos preservado nuestra memoria, transmitiendo de generación en generación nuestros saberes sobre las semillas, la tierra, la alimentación y la naturaleza. Hoy, muchos de nuestros alimentos, tradiciones y formas de comprender el mundo siguen conectados con ella. Porque para nosotros, la milpa no es solo un lugar donde cultivamos; es una forma de relacionarnos con la vida, con nuestro territorio y con la Madre Tierra. Cada semilla cuenta una historia y cada cosecha nos conecta con nuestras raíces. La milpa sigue viva y, con ella, también siguen vivas nuestra memorias, nuestra cultura y nuestra identidad como pueblos indígenas de El Salvador.

Inaru Tanamá, borikua nativa de Boriké

El año comienza con el solsticio de verano con la celebración de Shiri Kruku Káshi el cual se da a mediados de junio en nuestro mes ancestral Sirigo. La yuca es un tubérculo que aun que en boriké se sembraban plantas como el maíz, calabaza y entre otras, el tubérculo sobrevivía a temporadas de huracanes. La yuca es muy importante por que con ella se usaba el almidón para hacer casabe, un pan en forma de torta, pero con una textura crujiente y seca la cual se acompañaba con pescado y otras carnes de reptiles, aves y crustáceos. En resumen, el ciclo de la yuca es una de resiliencia ya que sobrevivió a épocas de lluvia, huracanes y tiempos seco. Desde su cosecha y siembra, brote, tiempo de resiliencia por las inclemencias del tiempo, formación de raíces, desarrollo del tubérculo, engrosamiento radicular hasta volver a su cosecha y siembra. La “constelación” Shiri es una muy importante son 7 estrellas que se le conoce en la actualidad como las “siete hermanas”. En si, no es una constelación y lo que es correcto es llamarle es cumulo estelar de las Pléyades. En Boriké contamos con tres calendarios, solar, estelar y lunar. El lunar se usa más para la siembra al igual que el estelar para predecir como estaría el clima, acontecimientos climatológicos y como esto afectaría a la cosecha, pesca y hasta travesías.

Patricia López, tseltal de México

En la milpa nada crece solo: el maíz, el frijol, la calabaza y el tomate verde se complementan. Uno sostiene, el otro resguarda la humedad; cada planta tiene su función, su ritmo y el tiempo exacto para dar frutos.
La milpa nos enseña a tejer comunidad y a caminar en colectividad. Nos recuerda que cuidar la tierra y defender el territorio es como cultivar el campo: un ciclo que requiere de la organización, la palabra, la sanación, la espiritualidad y el aprendizaje compartido. De una sola semilla brotan múltiples posibilidades que florecen a su debido tiempo.

Lily Sarmiento, lenca de Honduras

La defensa del territorio es también un proceso colectivo y circular: sembramos organización como semilla, cuidamos la comunidad como cultivo, cosechamos victorias compartidas como fruto y descansamos para renovar fuerzas, recordando siempre que la tierra y la vida se sostienen en ciclos de resistencia y abundancia.

Ángela Marroquín, maya mam de Guatemala