Desde las 6:00 de la mañana se escucha el altavoz de la agencia que convoca a los habitantes a reunirse en la explanada de la escuela primaria y secundaria para recibir a las personas visitantes. Aún hay neblina en el ambiente, las cocineras encienden la lumbre y comienzan a preparar sus insumos, al rededor de la explanada se instalan puestos de productos locales: duraznos, manzana, papa, ramos de laurel, de poleo y por su puesto, el anfitrión del evento: los hongos.

Foto: Wendy Juárez. Recolección de hongos
La organización no inicia hoy. Hace un mes –en medio de las fuertes lluvias– hubo derrumbes en el camino, los comuneros se reunieron para limpiarlo, durante este mes se convocó a tequios para dar mantenimiento a los senderos. La organización inició hace un año, cuando en la asamblea se hicieron los nombramientos para conformar el comité de ecoturismo, para elegir al agente municipal y su cabildo. Previo al evento hay un trabajo comunitario en donde participan las niñas y niños de la primaria, los adolescentes de la secundaria, las y los jóvenes del bachillerato, los comuneros y las comuneras e incluso los profesores que no son de la comunidad, pero aportan a la organización y la fiesta. La organización se ha mantenido desde que nos otorgaron títulos primordiales para dar cuenta de que los pueblos zapotecas estuvimos aquí antes de la colonia y de la creación del Estado mexicano, confirmando que somos herederos de estas tierras. El servicio comunitario y la organización son prácticas que también se han heredado de generación en generación por más de 500 años, por eso la fiesta no es folklore, sino resistencia y persistencia del espíritu organizativo de nuestros pueblos.
El día del evento, el registro de participantes inició a las 8:00 de la mañana para participar en el concurso de “La canasta más diversa“, que consiste en recuperar la mayor diversidad de especies que sea posible, no se trata de juntar la mayor cantidad, ni de realizar la mayor extracción, sino de recolectar la identificar y compartir la diversidad del bosque, es por ello que se prioriza recolectar un hongo de cada especie y no todos los hongos que encuentren a su paso. Este proceso implica respeto por el bosque, reconocer nuestros límites y nuestra relación con lo que nos rodea.

Foto: Wendy Juárez. Canasta de hongos
El bosque nos recibe a su ritmo, con quietud y silencio. Los hongos se mantienen expectantes bajo tierra, algunos con más curiosidad logran asomarse a la superficie y otros más confiados salen a nuestro encuentro. ¿Cuál es nuestro primer impulso al verlos? ¿contemplación, posesión, sorpresa? ¿de qué maneras somos capaces de relacionamos con la naturaleza?

Foto: Wendy Juárez. Honguito bajo la tierra
Más allá de las interacciones humanas, el bosque es el gran anfitrión ¿de qué maneras correspondemos su hospitalidad? Esta tierra se formó hace 4,600 millones de años, los primeros seres vivos aparecieron hace unos 3,800 millones de años en las profundidades del océano. Cuando la vida por fin se aventuró a salir del agua, hace unos 800 millones de años, lo hizo en alianza: algas y hongos se unieron para formar los primeros líquenes. Los líquenes son los seres más antiguos que podemos encontrar en el bosque, sin esa alianza —sin esa hospitalidad recíproca entre dos especies distintas— no existiría el bosque que nos recibe.

Foto: Wendy Juárez. Líquenes del género Cladonia
El reino fungi surgió hace unos 1000 millones de años, mucho antes que las plantas. Y cuando las plantas por fin llegaron a tierra, fue en simbiosis con los hongos: los hongos les dan agua y minerales a través de su red de micelio, las plantas les dan a cambio los azúcares que producen al fotosintetizar. Un intercambio en el que ninguno impone y ninguno exige: ambos ofrecen y ambos reciben. Nuestra especie, el Homo sapiens, apareció hace 300 mil años, somos huéspedes recientes en este hogar común. No somos los dueños ni los anfitriones, sino invitados para preservar el ciclo de la vida.
Un intercambio en el que ninguno impone y ninguno exige: ambos ofrecen y ambos reciben.

Foto: Wendy Juárez. Interespecie
La caminata en el bosque inicio hacia las 9:00 de la mañana, finalmente a la 1:00 de la tarde nos reunirnos para hacer el conteo de las especies de hongos recolectados, un encuentro intergeneracional e interespecie.

Foto: Wendy Juárez. Caminata de recolección
17 grupos participaron en el concurso de recolección, distribuidos en rutas extensas y rutas cortas para que pudieran participar niñas, niños, jóvenes, abuelos y abuelas, cada uno de acuerdo a su condición. El equipo ganador realizó un conteo de más de 280 especies, entre hongos comestibles, tóxicos y mortales. Unos de los biólogos expresó “nosotros sabemos el nombre científico, el género, la especie, pero si tienen dudas de qué hongos se comen y cuáles no, pregúntenle a las personas de la comunidad, ellos son los expertos“ La feria del hongo resulta entonces en un intercambio de saberes y vivires, en una celebración de la diversidad.

Foto: Wendy Juárez. Equipo recolector
Las actividades turísticas tienen tendencias a reproducir lógicas extractivas y de consumo, a través del intercambio económico se genera la expectativa de recibir: servicios, comida, experiencias, atención y sobre ello una exigencia que se impone a las personas locales para cumplirla; construir un imaginario creado por quien llega de fuera. Las actividades turísticas se sostienen por el intercambio económico, la hospitalidad se sostiene en la reciprocidad. En la hospitalidad el huésped se inserta en la trama comunal, se interesa en el contexto, en cambio en el turismo, es la comunidad quien tiene que adaptarse a las expectativas ajenas y a partir de ello modificar la cultura y el entorno.
En un mundo que se empeña por ser violento y extractivo, sembremos reciprocidad y compromiso con la vida.