Por: Rosa Marina

Nací y crecí en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, una comunidad binnizá ubicada al sur del estado de Oaxaca, en el área regional conocida como el Istmo de Tehuantepec. Es poca la probabilidad de nacer en la zona binnizá de esta región y no mantener una conexión con el pensamiento y la forma de vida indígena. En nuestra alimentación, vestimenta, en la melodía del idioma, nuestra identidad como pueblo indígena marca la forma en cómo nos relacionamos con nuestras ancestras, con nuestro territorio y el resto del mundo.

Al salir de mi región para estudiar la Licenciatura en Ciencias Ambientales, y posteriormente la Maestría en Desarrollo Rural, tuve mayor claridad de las diferencias entre mi forma de vida y la de mi familia de las del resto de mis compañeras y compañeros que no pertenecían a una comunidad. Las prácticas rituales, la alimentación, el vestir, las formas de celebrar, los conocimientos enseñados por mi abuela, había demasiadas cosas que eran diferentes sobre mi manera de ver y vivir la vida.

Adquirir una formación académica y profesional transformó la forma en que veo la vida y entiendo los procesos alrededor de mí. Cambiaron mi lenguaje, las palabras e incluso la manera en que me observan y se dirigen a mí las personas a mi alrededor. Tener estudios formales, validados por una institución, quieras o no te coloca en un lugar distinto en cómo te perciben las personas a tu alrededor. 

Pero, en la academia esas diferencias no importan, en el aprendizaje convencional los conocimientos adquiridos en su mayoría provienen de personas que no compartían mis vivencias. La ciencia occidental, comparte desde lo que grandes pensadores blancos escribieron y después leyeron e interpretaron otros grandes pensadores. Desde ahí se construyen la realidad y los conocimientos.

En este escrito presento reflexiones al respecto, pues como investigadora indígena de conflictos ambientales y crisis climática, he tenido que desaprender muchas lecciones y abrir nuevas brechas. Este proceso me ha llevado a cuestionarme cómo y desde dónde escribo e investigo, pues las metodologías desde la academia no incluyen elementos propios de la forma en que se construye y comprende el conocimiento desde los pueblos indígenas y negros.

Gracias a procesos de intercambio y aprendizaje para mujeres indígenas y, en especial, a la conversión conjunta con mis compañeras de la red Futuros Indígenas, actualmente nos encontramos caminando hacia establecer metodologías de investigación propias, de acción comunitaria y cambio de narrativas. 

Reflexionar sobre formas de hacer investigación que surjan desde nosotras, desde las mujeres indígenas que construimos interdisciplina, que conversen sobre la construcción del conocimiento situado, nombrando el valor de la ancestralidad, no como accesorio, si no como punto de partida, espejeo y reflexión. Donde lo conversado no surja de las letras, sino de lo aprendido. Que la sabiduría y la vida cotidiana no sean consideradas anécdotas, sino prácticas comprobadas. Colocando al centro la ritualidad, la reciprocidad y el disfrute como parte del ciclo de construcción de conocimiento.

Metodologías desde la ritualidad

Hace dos años formé parte de un proceso de formación llamado Knowledge Makers, gestionado por la Universidad Thompson Rivers de British Columbia, Canadá y la FAO. El resultado del programa fue la publicación de un Journal que compila artículos y, en algunos casos, recetas de distintas mujeres de 25 pueblos indígenas del mundo, sobre el rol de las mujeres en la soberanía alimentaria y la crisis climática. De este intercambio me surgieron muchas reflexiones sobre la intersección producción de conocimiento, mujeres y territorio. 

La metodología caracol. Un proceso colectivo en construcción

Los pueblos y comunidades indígenas casi siempre aparecen como objetos de estudio, no se podía separar su existencia del análisis de problemáticas ambientales, pero nuestras formas de existir eran parte del complejo a ser estudiado, no del planteamiento teórico. 

Y, ¿qué tiene que ver todo esto con este artículo en el que pretendo hablar de la importancia de la posesión colectiva de la tierra para la defensa del territorio? Porque, fue hasta que Knowledge Makers me procuró la oportunidad de preguntarme cómo las mujeres indígenas podemos construir metodologías propias para acercarnos a estudiar la realidad, que me permitió abrir una puerta nueva a las reflexiones sobre cómo hacemos ciencia las comunidades indígenas y a la importancia de que los relatos sobre lo que ocurre en nuestros territorios sean escritos desde nuestras propias palabras. 

En estos casos, la decisión sobre lo que se hace con nuestros territorios queda en manos de personas que son ajenas a él y responde a intereses del mercado y de acuerdos políticos. La importancia de la vida comunitaria, de los conocimientos ancestrales y de la espiritualidad de nuestros pueblos, son vistas como elementos secundarios, cuando para quienes habitamos este territorio es el eje de nuestras vidas.

Rosa Marina Flores Cruz, Octubre 2025.